Voces

miércoles 21 oct 2020 | Actualizado a 22:56

(No)debate, ‘perversa encuesta’ y Diofanto

El final de semana pasado hubo dos eventos anunciados como debates pero realmente muy diferentes

/ 6 de octubre de 2020 / 15:50

El primero, con la asistencia de todos ellos y organizado por la Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (FAM) con participación de la Confederación Universitaria Boliviana (CUB), con el pretencioso nombre del Gran Debate y que resultó un no-debate (foro) sin periodistas, para que los candidatos dijeran sus posiciones más que propuestas en sí; quizás lo más rescatable fue cuando el candidato del MAS aclaró que él arreglaría todo lo que el ministro de Economía del MAS (él mismo) erró en el cuatroceno pasado. Quedaron varias susceptibilidades en la audiencia: el evento fue transmitido por la Red ATB (la preferida del masismo y de bajísimo rating); fue efectuado en el hotel Radisson de Santa Cruz de la Sierra, operado por la Sociedad Nulife Hoteles SRL cuyo accionista mayoritario es Juan Valdivia Almanza, principal accionista de Gravetal y exdiputado del MAS; por último, el coorganizador fue Max Mendoza Parra, presidente de la CUB y miembro del CONALCAM (masista), experto en lides universitarias donde lleva 28 años como estudiante sin egresar.

El del domingo, en La Paz, fue muy diferente desde su organización (Confederación de Empresarios Privados, Asociación Nacional de Periodistas, Fundación Jubileo y UMSA, entre otros) y con patrocinio de organizaciones internacionales; con periodistas conocidos (Myriam Claros y Tuffí Aré) y los candidatos asistentes hicieron lo que se espera de un debate: réplicas y dúplicas a los comentarios de los otros.

Hubo dos ausencias: de los candidatos del MAS y de Creemos. El del MAS se justificó diciendo que estaba comprometido para una entrevista en vivo en la Red Uno, la que, casualmente, fue cambiada de otro día ya anunciada para ese domingo dejando dudas si era un gafe grave de coordinación (imposible cuando dirigía Marcos Montero, recientemente fallecido) o una intencionalidad de boicot al debate. Por su parte, el candidato de Creemos arguyó que, como el candidato Carlos de Mesa (Comunidad Ciudadana) se ausentaba si el del MAS no asistía, no iba aunque perdía la oportunidad de ser el candidato presente con más intenciones de voto; al final, De Mesa asistió tras el reclamo de las organizaciones a cargo mientras que los asesores de Creemos no le advirtieron a su candidato que esos “anuncios de ausencia” son tácticas para que, al confirmar después la presencia, se realce la imagen de importancia (por el reclamo y condescendencia con éste) del candidato que presuntamente iba a ausentarse; así, el candidato de Creemos no aprovechó la oportunidad de captar entre los aún muchos indecisos.

No analizaré el desempeño de cada candidato ni en sus afirmaciones: voy a sus actitudes. Posiblemente los largos años sin este ejercicio democrático (Morales Ayma, por razones obvias, siempre lo eludió), llevó a algunas actitudes excesivas de los candidatos de ADN y, sobre todo, Frente Para la Victoria (FPV). Preocupante sí, y mucho, que el FPV negara credibilidad al actual Tribunal Supremo Electoral (TSE) y, aun así, participara de unos comicios en los que no confía, negándose a aceptar desde ya los resultados, en una actitud muy similar a la sostenida por el MAS.

Por último: Quiroga (y antes Camacho) acusó de manipuladas las encuestas avaladas por el TSE que no le benefician. Las encuestas de intención de voto son fotografías de un momento dado y, por ende, susceptibles a modificarse por factores relacionados con la campaña o la situación del país. Faltan aún otras hasta el 18 y ese día sabremos de su fiabilidad.

Así es la democracia… y la Arithmetica de Diofanto de Alejandría.

José Rafael Vilar es analista y consultor político

Temas Relacionados

Comparte y opina:

El elegir en los tiempos del COVID

/ 10 de agosto de 2020 / 00:01

«La epidemia (…) había causado en once semanas la más grande mortandad de nuestra historia.”

(Gabriel García Márquez)

Parafrasié «El amor en los tiempos del cólera» (1985) porque hoy —como el mismo impacto que tuvo el cólera en Colombia entre 1849 y 1850 y motivó la novela— el COVID-19 causa la mayor mortandad documentada en tiempo real que hayamos conocido. No sé si alguna Fermina Daza verá a algún Florentino Ariza, pero sí que el tema electoral —a pesar de la endemia creciente— se nos instala, a veces concebido como panacea y otras como azote en su —hasta ahora— inmediatez.

Concluía mi anterior columna («Rumbo a la nueva ‘(a)normalidad’») asegurando que la siguiente sería con menos pandemia y más elecciones. La realidad da dosis de ambas.

Un amigo querido me facilitó la Guía para organizar elecciones en tiempos de pandemia de la OEA. Interesante documento, casi un vademécum de todo lo posible electoralmente en estos tiempos de COVID pero que, en su lectura, me detuvo en su capítulo Celebrar o postergar. El dilema de las elecciones: “Mantener una fecha preestablecida puede tener implicancias sanitarias y poner en peligro la salud de las personas. Posponer la celebración acarrea consideraciones constitucionales y legales”; y propone cuatro factores de análisis: CONDICIONES DE SALUD, MARCO JURÍDICO, ACUERDOS POLÍTICOS y FECHA. Me centraré en salud y fecha.

Muchos países han postergado sus diversas elecciones por el coronavirus. En Latinoamérica lo han hecho Bolivia y República Dominicana (generales), Chile (plebiscito), Uruguay y Paraguay (municipales), México (algunas estatales), entre otros. Las de República Dominicana se postergaron del 17 de mayo al 5 de julio, en medio de mucha tirantez política y poco más del 55% de participación, con morbilidad (casos detectados x 100.000 habitantes) de 433,8, recuperados el 47,1% del total de casos y mortalidad sobre morbilidad del 2%, todos datos hasta el domingo pasado (Bolivia ese día tenía 405,7 de morbilidad, 30,4% de recuperados y 3,7% de mortalidad sobre morbilidad). Otro ejemplo de lo que pueden representar elecciones fue el de las municipales francesas: la primera vuelta el 15 de marzo (dos días antes de declarar cuarentena) tuvo el 44% de participación; la segunda vuelta el 28 de junio (postergada del 22 de marzo) tuvo el 40% de participación, con más de 208.000 afectados, más de 30.000 fallecidos y 36,4% de recuperados.

Eso nos lleva al factor fecha. Según el estudio del 7 de julio del Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington en Seattle (reconocido por la OMS), Francia el 28 de junio estaba ya en el menor nivel de sus contagios y República Dominicana, el día de la elección, estaba en una etapa baja de su curva de contagios (aunque el IHME augura que alrededor del 20/7 le crezcan geométricamente los casos). Bolivia, en ese mismo estudio proyectivo y con las condiciones de flexibilización actuales, se proyecta con 58.000 casos promedio al 6 de septiembre.

Pero hay opciones, la diferencia es la posibilidad. En Galicia hubo elecciones el domingo, con rígidas condiciones de bioseguridad y votó casi el 59%; pero España está en fase de salida de la epidemia y la población gallega es casi la sexta parte de la boliviana repartida por un 2,7% de la superficie boliviana, además que muchos votaron por correo y el voto no es obligatorio. Islandia (su población es el 3,1% de la nuestra) votó durante varios días. En otros hay voto electrónico, con menos contacto. ¿Podríamos implementar alguna —o algunas— de éstas para el 6 de septiembre?

Y aún quedaría otra posibilidad: acuerdos políticos serios. Valdría la pena que la mayoría democrática los considerara, aunque signifique desarmar consignas y limitar ansiedades.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Rumbo a la nueva ‘(a)normalidad’

A fines de mayo, el pronóstico del IHME para Bolivia era que el pico de la pandemia sería el 27 de julio

/ 1 de julio de 2020 / 06:57

Empezamos la “nueva normalidad” con cuarentena dinámica hasta el 31 de julio y nos recentraremos en dos temas: elecciones y economía. Es ahora bueno analizar dónde estamos y dónde podremos estar. También es adecuado saber realmente, sin bulos ni berrinches (ya agoreros y masistas me han insultado), cuál es la situación de la endemia en nuestro país.

En el octavo reporte del Índice de Riesgo Municipal COVID-19 del Minsalud, en el país 11 municipios pasaron de riesgo medio y moderado a riesgo alto; los departamentos de Cochabamba (a pesar de su boom de nuevos casos) y el de Potosí son los dos únicos donde se han reducido los municipios en riesgo alto: de 15 a 12 y de 3 a 2, respectivamente. Al 26 de junio, el 24% (82) de los 339 municipios del país estaban con riesgo alto, 50% (170) con riesgo medio y 26% (86) con riesgo moderado, un panorama que nos avisa que las flexibilizaciones de las medidas de cuarentena tienen que ir acompañadas por una adecuada concienciación.

Pero en contraparte, no todas las noticias son malas: El porcentaje de casos activos versus el total de afectados confirmados a nivel nacional el domingo 28 pasado fue del 69,8%: la décimo sexta disminución consecutiva porcentual de casos activos, mientras que el índice nacional de recuperados versus el total de afectados confirmados el mismo día fue de 27,0, el cuarto aumento consecutivo que para el departamento de Santa Cruz fue del 42,9% y su décimo sexto aumento consecutivo porcentual. El promedio de recuperación en 23 países latinoamericanos es del 43.0%, fluctuando entre el 94.1% en Cuba y el 10,0% en Honduras (el promedio mundial del lunes fue del 10,7%).

Otro elemento positivo es el promedio diario de pruebas PCR (aún insuficientes pero muchísimas más que en semanas anteriores gracias a que de un único laboratorio de referencia al comienzo de la pandemia, el Cenetrop, pasamos a 22): se avanzó en las últimas cuatro semanas de 807 pruebas diarias promedio en la semana 11 a 2.138 en la recién pasada semana 15.

Pero el dato más relevante es que, siguiendo el pronóstico del ingeniero Édgar Villegas de que la cantidad de afectados se duplicaba cada 10 días, el domingo debimos bordear los 80 mil casos detectados y tuvimos 31.524, lo que constituye un “aplane de la curva” de contagios de 18 días, beneficiando a una menor saturación crítica de los centros hospitalarios pero, en contraparte, alargando el proceso de la endemia.

Y esto me lleva a las proyecciones del Institute for Health Metrics and Evaluation de la University of Washington en Seattle, que se actualizan periódicamente. Alrededor de fines de mayo, el pronóstico del IHME para Bolivia era que el pico de la pandemia sería el 27 de julio con un promedio de 93 mil casos detectados. Sin embargo, las medidas para flexibilizar la cuarentena en muchos municipios del país le ha llevado el 24 de junio a tres escenarios: el primero, con las medidas de rigidez usadas tendría su pico el 5 de agosto con más de 51 mil casos promedio; el segundo, haciéndolas más rígidas (uso obligatorio de barbijo para todos, distancia social, desinfección continuada, entre otros) daría su máximo el 31 de julio con unos 38 mil casos detectados promedio, y el tercero, flexibilizando la cuarentena, el proceso progresivo actual en todo el país, tendría su pico entre el 5 y el 6 de septiembre (fecha electoral) con casi 93 mil casos detectados, iniciando su descenso (sinusoidal) hasta entrado noviembre cuando alcanzaría valores cercanos a R1 o R0 (R es el índice de reproducción o contagio; por ende R1 es que cada contagiado activo potencialmente contagie a otro, y R0 es cuando cesan prácticamente los contagios y se da por concluido este ciclo de la endemia).

La próxima columna, con mucha seguridad, será menos pandemia y más elecciones. Esperemos hasta entonces.

José Rafael Vilar
es analista y consultor político

Comparte y opina:

La anormal ‘normalidad’

Sobre intereses sectarios, lo principal es la vida de los bolivianos. No al prorroguismo arbitrario, sí a la defensa de la vida.

/ 17 de junio de 2020 / 05:58

Mi anterior columna (Pandemia, endemia y un solo país, 02/06) la definí como “un catálogo de información necesaria sobre el COVID-19 para Bolivia y la región”. Esa tarea es aún muy necesaria (diría mejor: urgente) porque entendemos mal cuando no hay información para neófitos (somos la gran mayoría), porque muchos no entendemos su peligros y porque otros se dejan engañar por “algunas ideologías políticas que andan cegadas por intereses de poder e inducen al pueblo a cometer errores y poner en riesgo su salud y su vida” (Cuidar a los Ciudadanos, comunicado de la Conferencia Episcopal Boliviana CEB, 10/06).

El 10 de marzo llegó la epidemia a Bolivia y el 22 el país inició la cuarentena rígida. Hoy, casi 90 días después, estamos bordeando 20 mil casos diagnosticados. ¿Fracasó la cuarentena? A pesar de los números, alarmantes sin dudas, y de algunas proyecciones muy preocupantes, yo sostendré que no.

La proyección de Édgar Villegas que a fines de mayo se llegaría a 10 mil casos se cumplió cabal el primero de junio; su siguiente predicción, que no descartaba que contagios de seis dígitos a fines de julio, la realidad hasta ahora no la confirma. Manteniendo el cálculo promedio de duplicación de contagios detectados cada 10 días, entre el 9 y el 10 de este mes hubiéramos tenido más de 21 mil casos pero a 16 aún bordeamos los 20 mil. ¿Error? No lo creo. ¿Menos pruebas PCR (Prueba de Reacción en Cadena de la Polimerasa, las que entran en las estadísticas)? En la semana pasada, el promedio diario fue de 1.452 pruebas mientras que antes, por ejemplo, en la semana entre el 25 y el 31 de mayo fue de 807 (exceptuando un día donde se informaron atrasadas); en realidad, a más pruebas, más detecciones. Si le sumamos que el porcentaje a nivel nacional de casos activos versus total de afectados confirmados el 13 fue del 81,2%, el 14 del 79,8% y el 15 el 78,7%, disminuyendo consecutivamente por primera vez y, además, consideramos que los pacientes recuperados en salud a nivel nacional el 15 fueron 3.430, el 18,0% de los contagiados totales (2.824 en Santa Cruz, el 24,1%), porcentaje muy superior al 3,3% promedio de fallecidos respecto al total de contagiados desde fines de mayo, entonces, amigos lectores, podemos tener esperanza que hemos logrado aplanar más la curva de contagios.

El estudio del Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington en Seattle que mencionó la Presidenta el día de Corpus Christi, fija el “pico” de la curva de contagios totales el 27 de julio con un promedio de alrededor de 94 mil casos; a partir de esa fecha empezaría a disminuir y una proyección para R0 (transmisión cero) sería, posiblemente, de tres y medio a cuatro meses después.

Eso nos lleva a entender la urgencia del mencionado comunicado de la CEB cuando pide “dejar los intereses particulares o de grupos, y buscar coordinadamente lo mejor para todos en esta hora difícil para Bolivia», pidiendo entendimiento en pro del pueblo boliviano, como reafirmó el arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, el 11 pasado: «estamos llamados a promover la unidad, reconciliación y perdón [porque] persisten resentimientos y rencores que nos mantienen divididos y enemistados, y que incluso dificultan una acción común para enfrentar a la pandemia”.

El mensaje es diáfano: sobre intereses sectarios (movidos por premuras políticas y desesperaciones de cálculo), lo principal es la vida de los bolivianos. No al prorroguismo arbitrario, sí a la defensa de la vida.
Claridad meridiana para hoy en Bolivia, la frase del papa Francisco en su homilía del 26 de marzo en la plaza de San Pedro: “estábamos en la misma barca, […] todos llamados a remar juntos […]. En esta barca, estamos todos”.

José Rafael Vilar
es analista y consultor político

Comparte y opina:

Pandemia, endemia y un solo país

El coronavirus será una endemia en el mundo hasta que haya suficientes vacunas. En su incidencia mediata primará nuestro comportamiento

/ 2 de junio de 2020 / 11:38

La columna de hoy, en stricto sensu, es un catálogo de información necesaria sobre el COVID-19 para Bolivia y la región. La epidemia “aterrizó” en febrero 25 en Sao Paulo (Brasil), continuando al resto de América Latina: el 27 de febrero en México y el 29 en Ecuador (aunque el 14 llegó de España la primera contagiada); el 1 marzo en República Dominicana; el 3 en Argentina y Chile; el 6 en Colombia, Costa Rica y Perú; el 7 en Paraguay; el 8 en Panamá; el 10 en Bolivia; el 11 en Cuba, Guyana y Honduras (la OMS); el 13 en Guatemala, Uruguay y Venezuela; el 18 en El Salvador y Nicaragua; el 19 Haití y el 23 en Belice, el último.

Neófitos, la gran mayoría, nos confundimos con la abrumadora cantidad de datos, aumentado por la sensibilidad solidaria (y temerosa) por contagios y fallecimientos (trataré de clarificar algunos términos importantes para entender la penetración del virus). La morbilidad  se refiere a la cantidad de afectados por cada 100.000 habitantes; y la mortalidad, al porcentaje de fallecidos del total de afectados. Hasta la noche del domingo, la morbilidad del COVID-19 en Bolivia era de 85,8 (algo mayor a la tasa mundial: 80,4). Y la mortalidad era de un 3,1% (frente al 6,1% mundial).

Según datos de la OMS/OPS (aunque algunos sean poco fiables, como Nicaragua y Venezuela), la morbilidad de Bolivia está por debajo de Chile (521,7), Perú (511,9), Panamá (323,7), Brasil (245,8), Ecuador (229,7) y República Dominicana (168,4). Mientras que la mortalidad es menor que la de Belice (11,1), México (11), Ecuador (8,6), Guyana (7,8), Brasil (5,7), Nicaragua (4,6), Cuba y Honduras (ambas 4,1), Colombia (3,4) y Argentina (3,2).

Cabe aclarara que la morbilidad depende de la cantidad de pruebas de detección realizadas, y es importante diferenciar las existentes. i) La prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR), la más confiable, pero los resultados tardan en conocerse, es cara, los reactovos para realizarla son escasos, y requerir personal y equipos especializados. ii) Pruebas de anticuerpos (serológicas), que pueden detectar casos que ya se han curado. iii) Y pruebas de antígenos, más simples, rápidas y menos costosas, pero poco confiables.

El dato actualizado para Bolivia al domingo fue de 29.642 pruebas PCR realizadas, según el Ministerio de Salud, lo que significa 2.548 pruebas por un millón de habitantes (2,5 x millar de habitantes en la metodología de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OECD, que agrupa a los países de mayor desarrollo económico. Aunque se trata de una cifra baja, no lo es tanto si la comparamos con la de Colombia (2,3), Japón (2,2) o México (0,6), según estimaciones de la OECD al 4 de mayo.

En Bolivia los departamentos se han agrupado en tres categorías según el nivel de contagios. En Santa Cruz y Beni, con el 89,0% de los casos activos hasta el domingo, se encuentran en el nivel más elevado (las marchas y bloqueos masistas pidiendo elecciones incidieron en una mayor tasa de contagio). En el nivel el moderado se encuentran Cochabamba (6,1%, que aumentó en los últimos días, posiblemente por contagios en los bloqueos), La Paz (2,7%) y Oruro (1,3%). Por último, Potosí (0,4%), Tarija (0,3%), Chuquisaca y Pando (0,1%) se encuentran en el nivel más bajo.

Al margen de las urgentes improvisaciones que se tomaron, de las dificultades en conseguir los insumos y de la corrupción en el caso de la compra de los 170 ventiladores (denunciada como “irresponsable e inmoral” por la Conferencia Episcopal y repudiada por la sociedad), se “aplanó la curva” al contener la propagación y evitar un fuerte aumento de casos al principio. Lo cual contribuyó a evitar la saturación de los servicios médicos, una situación de mucho riesgo sobre todo en Bolivia, donde el MAS durante los 14 años que estuvo en el gobierno, con boom de ingresos, no priorizó nunca a la salud pública, y aún sigue bloqueándola en la Asamblea Legislativa.

Además, las medidas de alivio social (bonos, reducción de tarifas, créditos postergados, etc.) no han dejado que el país caiga en una crisis alimentaria, como ha sucedido en otras naciones. Es momento de entender que el coronavirus será una endemia en el mundo hasta que haya suficientes vacunas. En su incidencia mediata primará nuestro comportamiento.

José Rafael Vilar, analista político.

Comparte y opina:

Hablemos (¡ya!) de elecciones

“No es el momento de divisiones ni de enfrentamientos por el poder, (es) el momento de unirnos (para) preservar la salud y la vida de todos los bolivianos” (monseñor Sergio Gualberti).

/ 19 de mayo de 2020 / 06:32

La renuncia el 11 de noviembre de Evo Morales Ayma a la presidencia y de sus inmediatos seguidores, junto al desbande apresurado y temeroso de una indignación popular cerraron 21 días de protestas contra el fraude electoral, y 10 días desde que los comités cívicos de ocho departamentos le dieran un ultimátum para que renunciara a su cargo, abandonando el hasta entonces común reclamo opositor al MAS de una segunda vuelta electoral entre Morales y Carlos Mesa, balotaje que había sido apoyado por la misión de observación electoral de la OEA. Distanciado de ese ultimátum, Mesa siguió reclamando la segunda vuelta en solitario.

Asumida constitucionalmente la presidencia el 12 de enero por Jeanine Áñez, el país se abocó a un período electoral, cuya conclusión estaba prevista con la investidura, el 12 de junio, del ganador de los comicios presidenciales previstos para el 3 de mayo, en caso de que no se presentase segunda vuelta.

Dos hechos preelectorales importantes fracasaron: la convocatoria presidencial durante enero para una nonata cumbre de líderes (copia de la fracasada unidad opositora en octubre 2018), y la Cumbre por la unidad que sí se organizó el 1 de febrero, convocada por el Comité Cívico Pro Santa Cruz para lograr un frente único. Una segunda reunión prevista para el 3 de abril nunca se realizó por la cuarentena. En medio, el 24 de enero la presidente Áñez anunció su candidatura.

Coincidí en enero con Roberto Laserna y Juan Cristóbal Soruco en que un frente único anti-MAS era pobre ejemplo de democracia. Pero nos fuimos al extremo contrario: “le ganamos al 20-O: competirán cinco alianzas y cinco partidos” (El síndrome de la mariposa entrampada 28/01/2020). ¿La consecuencia prevista?: “El próximo gobierno necesariamente será de alianzas porque ninguna organización tendrá mayoría legislativa” (Una vez más: más serán menos, 14/01/2020). Pero después de que el 10 de marzo se anunció el primer caso de COVID-19 en el país y el 22 se decretó la cuarentena total, las elecciones quedaron en suspenso.

Hoy estamos de nuevo en tiempo electoral desde que la presidenta del Senado, Eva Copa, promulgó la Ley de postergación de elecciones (impelida por la urgencia de frenar la caída del MAS); y el Ejecutivo presentó la inhabilitación de esta norma al Tribunal Constitucional. Oficialmente no hay campañas, pero el MAS ya está haciendo lo que mejor sabe: crear conflictos. Mientras que otros políticos se aferran a discursos críticos, resaltando fallas del Gobierno o tergiversando realidades, o con acciones electoralistas presuntamente solidarias.

El Gobierno ha enfrentado una crisis para la que Bolivia no estaba preparada: el coronavirus SARS-CoV2. Ni la salud pública (cenicienta del MAS) ni la economía (miseria luego del despilfarro del cuatroceno) habrían resistido sin medidas prestas y creativas que, en lo económico, generaron un plan para proveer a las mayorías de recursos económicos (de diversas formas) y salvar empleos. Gestión de gobierno que no estuvo exenta de yerros: corrupción y favoritismo en ENTEL, con Elio Montes, quien escapó luego de ser despedido a los pocos días; corrupción e ineficiencia en entidades públicas, rápidamente sancionadas; presunta corrupción de mandos medios y falta de control e inmadurez en YPFB; discrecionalidad en vuelos oficiales; decisiones dañinas como tratar de controlar la opinión pública… Además de un deficiente control intergubernamental, de prevención y presto control de daños y de eficaz y proactiva comunicación pública, todos elementos de éxito.

La última encuesta en marzo dio solo un trío en disputa: Luis Arce, Carlos Mesa y Jeanine Áñez. Hoy la elección la decidirá la pandemia: influenciará contra Arce, y potenciará o perjudicará a Áñez, según cómo se perciba su actuación. A Mesa, más allá de sus declaraciones, no le redituará y pudiera afectarle, según cómo la maneje.

José Rafael Vilar, analista de temas políticos y electorales

Comparte y opina: