lunes 25 oct 2021 | Actualizado a 15:43

Coronavirus: “El riesgo de que todo vuelva a paralizarse existe”, aseguró el presidente Alberto Fernández

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/ 4 de enero de 2021 / 13:52

El jefe de Estado le pidió a la ciudadanía que retome las medidas de prevención frente al avance del virus para evitar nuevas medidas restrictivas. Apeló a la responsabilidad de los más jóvenes. “Hemos sufrido demasiado como para que no hayamos aprendido”, dijo.

“La pandemia no se ha disipado”, advirtió el presidente Alberto Fernández desde la Residencia de Olivos, en el marco de un acto de puesta en marcha de las primeras 30 obras públicas de 2021. Volvió a apelar a la responsabilidad social y apuntó cuáles son los efectos de una merma en la curva epidemiológica si la ciudadanía no retoma las medidas de cuidado ante el avance del coronavirus: “Tenemos un verdadero desafío como sociedad. Si en verdad no queremos volver atrás y dar este paso hacia adelante para ponernos de pie, lo que más necesitamos es que todos tengamos responsabilidad social: cuidarnos nosotros para cuidar a quien tengo al lado. Si esto no pasa, el riesgo de que todo vuelva a paralizarse existe y nadie quiere que eso pase en la Argentina”.

El mandatario habló durante ocho minutos. Cerró la videoconferencia que condujo el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, y que contó con la participación de los gobernadores de La Pampa, Sergio Ziliotto; de La Rioja, Ricardo Quintela, y de Santa Fe, Omar Perotti, además de una veintena de intendentes municipales, y funcionarios nacionales y provinciales. Dedicó más de la mitad de su discurso a la amenaza del rebrote. Calificó el escenario actual –con casi seis mil contagios diarios, 1.640.718 positivos y 43.482 muertes desde el comienzo de la pandemia– como “muy complejo” y se dirigió, particularmente, a los jóvenes.

“Llamo la atención a todos los argentinos y, si me permiten, especialmente a los más jóvenes. Todos los datos indican que es allí donde tenemos el mayor problema. Jóvenes que no advierten el riesgo que estamos viviendo. Deben entender que son vectores de transmisión del contagio. Tal vez los jóvenes no sean los que más padecen la enfermedad a la hora de contagiarse, pero son lamentablemente extraordinarios vectores, personas necesarias para contagiar a adultos mayores que definitivamente, cuando se contagian, no la suelen pasar bien”, expresó el Presidente.El presidente Alberto Fernández y el ministro Gabriel Katopodis en la Quinta de Olivos El presidente Alberto Fernández y el ministro Gabriel Katopodis en la Quinta de Olivos

Alberto Fernández ensayó una lectura de la situación actual. Se refirió a la pandemia como un fenómeno en expansión, aun en un período estacional que debería aplacar su capacidad de contagio: “Apelo una vez más a la responsabilidad social de todos y de todas para que entendamos que el problema persiste, se mantiene, que nadie está exento de contagiarse y que debemos guardar todas las normas de protocolo necesarias para que no se expanda la enfermedad del modo en que lamentablemente estamos viendo que se expande”.

Hemos sufrido demasiado el año pasado para que no hayamos aprendido”, alertó, y convocó a no relajar las medidas de prevención sanitaria: “Si cada uno hace el esfuerzo de cuidarse, de mantener el distanciamiento social, de seguir protegiendo con alcohol las manos, si tratamos de aislarnos en la convivencia con nuestros seres queridos, creando la burbuja en las casas, va a ayudar mucho para que la enfermedad no vuelva a expandirse. Es una condición necesaria para que esto que estamos empezando hoy pueda materializarse”.

Lo que empezó hoy es el acto de puesta en marcha de las primeras 30 obras públicas del año: demandará una inversión de 13.552 millones de pesos en 39 municipios de 16 provincias. Las obras se ejecutarán en Buenos Aires (7); Catamarca (1); Chaco (3); Chubut (2); Córdoba (1); Entre Ríos (2); Jujuy (1); La Pampa (2); La Rioja (1); Mendoza (1); Misiones (1); Neuquén (1); San Luis (1); Santa Cruz (2); Santa Fe (3) y Tierra del Fuego (1).

“Me pone muy feliz que el primer día hábil del año estemos trabajando para que la economía empiece a moverse y para que todos empecemos a estar un poco mejor”, manifestó Alberto Fernández. “El mayor objetivo que tuve cuando encaré la campaña es que la Argentina se integre como país, que los canales comunicantes sean los mejores y que los argentinos vivan mejor. Quisiera que este sea el año en el que la Argentina se ponga de pie después del durísimo 2020. Y para hacerlo necesitamos un Estado que impulse obras de esta naturaleza. Lo hemos previsto desde el primer momento: por eso en el presupuesto nacional uno ve que la inversión en obra pública se multiplicó por dos. Siempre creímos que la obra pública y la construcción de viviendas iban a ser el gran motor de recuperación de la economía argentina”.

Según informó el gobierno nacional, las 30 obras públicas se sumarán a otras 767 iniciativas que se encuentran en ejecución actualmente en las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, por una inversión de 518.500 millones de pesos. Las nuevas obras son, por ejemplo, la repavimentación de la Ruta Nacional 151, entre el límite con Río Negro y el empalme con la Ruta Provincial 14; los trabajos de pavimentación de 79,96 km de extensión de la Ruta Nacional 76, entre Quebrada Santo Domingo y Pircas Negras en La Rioja; la mejora de la red de desagües pluviales en los barrios Altos del Oeste y Almirante Brown del partido de General Rodríguez; el comienzo de 13,05 km de obras de la Autopista Ruta Nacional 158, Circunvalación, entre la Ruta Nacional 9 y la Provincial 2 en Villa María, Córdoba; la puesta en marcha de los trabajos de reactivación de la Autopista Ruta Nacional 7, Luján-Junín, en la variante Chacabuco en la provincia de Buenos Aires.

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Rodrigo Bellot: “Esta obra podría generar realmente algo innovador, diferente y positivo para el teatro”

La nueva obra del cineasta y director de teatro, ‘Tu me manques’, se presentará el 17 y 18 de julio a través de Zoom

Rodrigo Bellot. Foto: Facebook

/ 28 de junio de 2020 / 07:55

Tu me manques, del director de cine y teatro Rodrigo Bellot, nació como una obra de teatro escrita y creada en 2015, incluyendo el lenguaje virtual y las nuevas tecnologías sociales como parte de su narrativa. Este 17 y 18 de julio el público podrá disfrutar de una versión totalmente renovada, esta vez entrando a una reunión de Zoom.

La obra ha ido creciendo con el paso del tiempo. En 2019 la pieza saltó al cine y este 2020, en plena pandemia por el COVID-19, se nutre con la participación de la actriz cruceña Lorena Sugier, desde Bolivia, y Daniel Horvath, desde España. La producción está a cargo de Leonel Fransezze y Claudia Gaensel. Las entradas se venden por SuperTicket y están a Bs 50.

Rosario, una madre boliviana que revisa la cuenta de Facebook de su hijo Gabriel buscando respuestas sobre la razón de su suicidio. Al encontrar una última conversación con Oleg, un joven ruso en New York, descubre que su hijo tenía una relación homosexual con él antes de regresar a Bolivia. Así comienza esta nueva propuesta de Bellot.

  • ¿Cómo surge está versión, ahora centrada en el personaje de una madre?
  • Esto salió como una microobra parte de la obra Excepciones, 12 reglas del amor de Eduardo Calla que hicimos en La Paz, luego se convirtió en una obra de teatro y la obra de teatro se convirtió en una película y, claro, en ese proceso hubo varias recreaciones desde Fernando Gamarra a Carlos Valverde y de ahí a Oscar Martínez, todos con una versión y una propuesta diferente del personaje. Había investigado ya a profundidad el tema de la masculinidad de un padre y su posición frente a la homosexualidad del hijo desde un machismo y homofobia inherentes en Bolivia. En la obra de teatro estaba también la ausencia de la mujer, entonces quería investigar algo también más profundo o diferente. Por eso surgió la propuesta esta vez de que sea una madre y trabajar con una mujer que yo admiro tremendamente desde hace años, con la que ya hice varias películas, Lorena Sugier, y ver desde su posición qué propone esta madre de clase media en Santa Cruz.
  • ¿En qué se diferencia esta historia de las del filme y la obra?
  • Hay un par de diferencias con la original, que es con Carlos Valverde, pero la base sigue siendo la obra que se publicó con La Hoguera como libro y que va en su segunda edición. Volvemos a lo básico: una madre que llama a un contacto viendo la última conversación que su hijo tuvo por Facebook y llama para buscar respuestas. Es una obra de confrontación entre dos personajes, pero al cambiar el género del protagonista también cambian muchas sutilezas sobre la manera de ver y la manera de enfrentar la pérdida de un hijo. Y aunque sean sutiles y menores, tienen un gran impacto en el macro de la obra. Además proponemos esta vez que el novio no es un chico boliviano sino un extranjero, un ruso que vive en Estados Unidos y que es exiliado político de Rusia y que tiene una visión muy diferente a lo que es la vida en Bolivia, y que viene de una cultura donde realmente se condena con la muerte o la cárcel la homosexualidad. Ahí estamos explorando el choque cultural en el lenguaje en la manera de ver las cosas entre una madre boliviana y un chico ruso que ha tenido que dejar su país, su identidad y su cultura para poder ser libre en Estados Unidos.
  • ¿Cómo ha sido el proceso de la obra?
  • Pues la idea de esta obra ha salido justamente de lo que estamos viviendo con la pandemia y lo primero que uno como artista se pregunta es qué va a pasar con el cine, qué va a pasar con el teatro, si la gente va a ir a ver nuestras obras, si esta es esta la muerte del teatro como lo conocemos o si hemos perdido nuestro espacio para comunicarnos. Ahí empecé a ver que mucha gente proponía nuevos formatos, nuevas plataformas digitales y virtuales para poder hacer teatro y busqué alguna obra que yo pueda hacer por Zoom, que se está convirtiendo en la plataforma de comunicación mundial hoy en día.

Y buscando esa obra, no la encontraba. Vi un par en Nueva York en que se adaptó teatro tradicional al Zoom y no funcionó, a mi parecer, porque requería de interacciones espaciales y ese contacto entre actores. Sabía que la obra debía ser exclusivamente pensada para el formato de Zoom  e intentando buscarla me encontré con que ya había escrito sin querer yo una sin tener esas tecnologías: Originalmente Tu me manques era entre dos personas que se comunicaban por Skype y era toda una comunicación virtual. Era ideal para adaptarla a Zoom, ya que originalmente funciona con el lenguaje estético y formal de Zoom.

  • ¿Cómo se hicieron los ensayos?
  • Empezamos a desarrollar la idea a mediados de abril y estamos ya hace un mes en ensayos. Lorena está en Santa Cruz, en este momento Daniel está en Barcelona y los tres actores invitados sorpresa en la obra están en Nueva York y en Miami. Yo, desde Amsterdam, envío un link de ensayo y nos juntamos tres veces a la semana desde nuestros rincones del mundo vía Zoom. Es una metología súper interesante que me ha abierto la mente muchísimo, porque ya no necesitas la parte presencial y te permite acceder con mucha más rapidez a cosas que jamás antes hubieras pensado.
  • ¿Cómo se trabajó estéticamente esta versión?
  • Hubo mucha adaptación, porque la obra estaba de alguna manera escrita para Facebook, Instagram, Skype… Se ha cambiado un poco el formato, pero sigue siendo una exploración de nuestro mundo virtual y cómo nos comunicamos ante la imposibilidad de la confrontación física. Vemos qué elementos dramáticos proporciona que alguien cuelgue mal, la falta de comunicación, el internet; ese tipo de cosas que se convierten en partes estéticas de la propuesta, pero también parte de la obra en sí mismas. Es importante que se sienta totalmente orgánico y no simplemente sea teatro leído en Zoom. Ahora se están haciendo muchas lecturas de teatro y de guiones por Zoom, pero no deja de ser eso, solamente una lectura. No tendremos solamente cabezas parlantes, sino que estamos intentando jugar con los celulares y cambiar de locaciones para que la obra tenga mucho movimiento, kinesis, y eso es lo que estamos proponiendo.
  • ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de este formato?
  • Esto es lo más interesante del proyecto: es un momento en que efectivamente la producción de teatro y cine se ha visto altamente afectada y está el miedo de la gente por acercarse a una sala aunque hayan nuevas regulaciones, nuevos protocolos para volver a una cierta normalidad. Es muy difícil pensar a corto plazo en un teatro tradicional como lo veíamos antes. Lo que más me entusiasma es proponer una manera de hacer teatro sustentable de muy bajo costo, porque no necesitas pagar teatros, no necesitas hacer escenografías costosas y al mismos tiempo te permite generar una plataforma sustentable donde los actores ganen, la gente compre su entrada y haya una economía detrás, de manera que la gente tenga acceso a entretenimiento y a propuestas artísticas como las que tenía antes, pero desde su casa. Creo que eso también ha cambiado mucho la visión de la importancia del arte y del entretenimiento en nuestras vidas en el encierro, en momentos de prudencia, cuidados y salud. Esto te proporciona una alternativa más que no es Netflix y que también te permite activar el trabajo de cientos de productores, actores, directores, dramaturgos y ojalá que sirva también como una referencia más más para que se siga haciendo teatro en Bolivia y no paremos los artistas de crear, de producir, de consumir teatro y de difundirlo.
  • ¿Cómo cree que reaccione el público?
  •  No sé cómo va a reaccionar el público, de hecho ya se está hablando incluso de una fatiga del Zoom, pues creo que mucha gente está pasando mucho tiempo en esta plataforma con clases virtuales, con reuniones de trabajo virtual… creo que es la única desventaja. Al mismo tiempo el hecho de que no es algo formal y que más bien es entretenimiento ayuda: es una obra bastante emotiva, desgarradora y tenemos música, tenemos imágenes y tenemos muchas sorpresas en la obra. Yo creo que por lo menos como una propuesta innovadora va a funcionar. Estamos haciendo solamente dos funciones y trabajamos durante meses para eso. Si esto funciona podría generar realmente algo innovador, diferente y positivo para el teatro nacional y mundial. Además plantea la posibilidad de trabajar con actores extranjeros sin movilizarlos, sin trasladarlos a hoteles ni pagar lo que implica traer una persona de otro país; puedes trabajar con actores en cuatro países diferentes simultáneamente. También sabemos que cada vez la atención del ser humano está más corta y hemos querido proponer una obra de 40 minutos, que ya de por sí es muy intensa.

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Navidad en Junio

El que celebremos Navidad en diciembre no es sólo una incongruencia entre la festividad y nuestra vivencia, sino es una manifestación de cómo en nuestra cultura vivimos tradiciones que están desconectadas a nuestra experiencia.

Navidad Andina. Foto: Pinterest

/ 28 de junio de 2020 / 07:52

A lo largo de mi vida, la Navidad conformó un horizonte temporal con el que organizaba mis ciclos y procesos, tanto laborales como emocionales y hasta espirituales. Recuerdo tener ansias por su llegada durante mi infancia, asociando este evento con lo que entendía por verano, familia, vacación y regalos. Sin embargo, fue adquiriendo nuevos matices y entendimientos durante mi desarrollo, alterando la forma con la que me relaciono a este y, por lo tanto, ofreciendo nuevas versiones de cómo organizar el tiempo.

La primera vez que cuestioné la organización del año fue cuando me familiaricé con el currículum estadounidense utilizado por algunos colegios privados de Bolivia, en el cual el año académico termina hacia el mes de junio y comienza en septiembre. Recuerdo sentirme completamente desahuciado en mis esfuerzos de entender cómo se organizaba la vida, creando por primera vez una disonancia entre mi valoración del tiempo y la realidad del otro. Posteriormente, cuando migré a Europa para terminar mis estudios secundarios, me encontré con la gravedad del asunto en vivo, desde los inviernos tenaces que caracterizaban el final del año hasta los idiomas que hablaban del mundo de una manera completamente distinta. La concientización de contrastes climáticos en relación al calendario que usamos para organizar el tiempo provocó una mirada más crítica y compleja a esta relación transcontinental, evidenciando cómo una realidad al otro lado del mundo puede sentirse tan familiar sin ser propia ni vivida.

De niño no era capaz de juzgar tal disyuntiva por lo que era, lo que hacía que ver películas plagadas de nieve con gente abrigada en Navidad mientras nosotros celebrábamos en polera con bebidas frías fuese una realidad que yo consideraba ‘normal’. Los adornos, el pino, las botas de nieve, los venados y otros elementos navideños ocupan un lugar especial en mi memoria, pero fue solo teniendo el privilegio de migrar que pude conocer su verdadera naturaleza.

Entender la Navidad merece estudiar las tradiciones paganas, la oportunidad que la iglesia encontró para hacerlas coincidir con la representación del nacimiento de Jesús (ya que su nacimiento no tiene ninguna fecha exacta) y la relación simbólica que esta celebración tiene con el ambiente, el clima y el estado de la tierra en esta temporada del año. La Navidad se gestó como tradición en relación al tiempo más oscuro del año, donde se realizaban fiestas para reavivar el espíritu de la gente alineada a la transición de la tierra a una fase de gestación, fertilidad y siembra. Su origen no tenía un carácter etéreo sino tremendamente mundano relacionado al alimento, objeto central de cualquier formación societal en la historia de la humanidad. La Navidad es un evento que simboliza una constelación de fenómenos, tanto individuales, familiares, comunales, terrenales y ecológicos, cuyo sentido no está en una expresión numérica del tiempo, como es el calendario, sino en una vivencia compartida entre tierra, espacio, luz y ser (humano) vivo.

En ese sentido, Bolivia, como cualquier otro país del hemisferio Sur, experimenta ahora el momento más frío y oscuro del año en Junio y gesta estos fenómenos comunales y ecológicos a mitades del calendario que nos rige. El que celebremos Navidad en diciembre no es sólo una incongruencia entre la festividad y nuestra vivencia, sino es una manifestación de cómo en nuestra cultura vivimos tradiciones que están desconectadas a nuestra experiencia.

Para entender la complejidad de este desencuentro, es imperativo familiarizarse con nuestro contexto histórico boliviano, lo que involucra una forma de vida y vivencia muy antigua precolonial, el genocidio de estos pueblos y formas de vida durante la colonia y la realidad mestiza que se desenvuelve en nuestro territorio durante los últimos 500 y poco más años. Las personas que practicamos tradiciones como la Navidad tenemos vidas en las que la disonancia forma parte de nuestro entendimiento de lo ‘normal’, como el adornado de nuestra casa con botas de nieve mientras usamos chancletas.

Deconstruir una sociedad diversa como la que es Bolivia puede ser todo menos sencillo. Sin embargo, es importante que comencemos a estudiar nuestra historia en relación a su contexto, lo que involucra repensar nuestras tradiciones y permitir que estas evolucionen paralelamente a nuestro incremento de conocimiento, sabiduría y consciencia. Si no logramos erradicar tradiciones ajenas a nuestras tierras, que sea por el cariño que hemos desarrollado al crecer con ellas y no por la ignorancia de sus orígenes. Parte de evitar esta ignorancia es el entablar relaciones con las tradiciones que muchxs de nosotrxs también tenemos heredadas pero, hasta cierto punto, olvidadas.

En este sentido es crucial el entender y recordar que en Bolivia se viven tradiciones relacionadas al tiempo, el espacio, la tierra y el alimento, establecidas desde antes de la colonia y que han evolucionado a través de todo este tiempo. Hay que familiarizarse con el Willka Kuti, el Inti Raymi, el Ary Pyahu y otras formas de referirse a la renovación del ciclo anual referente a nuestro contexto propio, tangible y vivido. Esto no significa antagonizar lo europeo, ya que ello vive en una gran parte de nuestra población y nuestra historia. Tenemos que aprender a hacer coexistir nuestras herencias, dando espacio, valoración y práctica a lo que se ha gestado por miles de años a la par de los ecosistemas que habitamos. Hay que ver nuestras tradiciones más allá de sus intenciones y entender el espacio que ocupan en nuestra sociedad y vivencia colectiva. De la misma manera que cada uno tiene el derecho de practicar sus propias creencias y tradiciones, es urgente el regir las mismas desde sus esencias y sus orígenes, dando paso a su evolución a medida que nuestra vivencia también evoluciona.

La Navidad va a seguir siendo celebrada en Bolivia por muchos años más en diciembre, pero entonces devolvámosle su esencia, desajustando su nervio consumidor, sentirla en compañía con el sol y la tierra y, quién sabe, llegar a celebrarla en Junio.

Mateo Dupleich – Artista

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Lo indivisible

Un sobrecito de azúcar, una costumbre familiar y la necesidad de reconocer que lo que vemos está estrechamente ligado con lo que no vemos

/ 21 de junio de 2020 / 08:32

Cuando era niño, cuando el pavimento en Santa Cruz de la Sierra no llegaba ni hasta el tercer anillo, observé algo particular sobre el azúcar y sobre cómo mi madre manejaba su consumo en casa. Para mi percepción de niño, el azúcar era algo casi milagroso. Recuerdo cómo subían los humos de los cañales quemados al rededor de la ciudad, pintaban el sol de rojo, pareciendo una luna llena en medio del día. Y en casa, el azúcar simplemente aparecía, caído del cielo como las cenizas de los cañales. Bueno, la verdad es que no consumíamos mucha azúcar en casa. El azúcar era principalmente para los visitantes. Sin embargo, esto no significaba que no hubiera azúcar en casa, al contrario.

Pero en lugar de comprar una bolsa de un kilo de azúcar, que tendría que permanecer abierto después de su primer uso, atrayendo así a las hormigas y otros insectos, y que se pegaba formando grumos debido a la humedad –dos cosas que eran básicamente imposibles de combatir en los trópicos, la humedad y las hormigas– parecía tener sentido recoger, en las visitas ocasionales en los cafés y restaurantes, estos pequeños saquitos de azúcar que ya estaban empaquetados en proporciones individuales determinadas industrialmente, y que se encontraban en cada mesa, o que venían varios junto con la bebida que se había pedido. Llevarse uno o dos –o tres…– de estos pequeños saquitos en cada visita a un café, en lugar de ponerlos en nuestro café o jugo, esto básicamente alcanzaría para el uso general de nuestros visitantes en casa. Bueno, al menos eso es lo que pensé que era el cálculo de mi madre. Sin embargo no paraba de asombrarme: es que en casa recibíamos muchos, realmente muchos visitantes, familia y amigos que además venían de todas partes del mundo. Sin embargo, nunca hubo escasez de azúcar en casa, curiosamente, el consumo de azúcar resultó ser mucho más lento que el suministro fresco entrante. Y no porque nuestros amigos no consumiesen azúcar.

Definitivamente subestimé la proyección creativa de mi madre, o lo que tal vez simplemente era la magia del acaso. No contaba con la voluntad ni disposición de nuestros amigos de traer sus propios saquitos de azúcar. No lo hicieron por miedo a que no hubiera azúcar en casa, ni porque alguien se los haya pedido; sino, al contrario, por una especie de deseo colectivo de querer hacer parte de la milagrosa y magnífica acumulación de azúcar en casa: poco a poco mi madre estaba criando una colección bastante singular y muy respetable de pequeños saquitos de azúcar, de distintos colores y procedentes de todos los lugares imaginables, recolectados en los viajes de nuestros amigos a los cuatro continentes. Aquellos eran guardados por ella en una hermosa fuente de cristal en el centro de la mesa de la sala, que con el tiempo se convirtió en un impresionante y abigarrado adorno barroco transcontinental; de modo que los amigos y los huéspedes frecuentes de la casa se sentían cada vez más animados a formar parte de su construcción y de verla crecer, felices de contribuir cada vez que podían, trayendo más y más saquitos de azúcar exóticos, y, por supuesto, ganándose fácilmente el más alto aprecio y los corazones de nosotros niños. Pronto, mientras me robaba unito desde abajo de la mesa, ya no importaba si mi madre había planeado todo meticulosamente, o si se trataba simplemente de una suerte cósmica que me abrazaba y me endulzaba la vida.

Recién de adulto, cuando, después de varias mudanzas, me fui a vivir por algunos años al país exportador de azúcar más grande del mundo, Brasil, no pude dejar de preguntarme cómo es que en realidad funcionaba esto: ¿azúcar, en sachets individuales o en potecitos colectivos, en las mesas de la cafetería, siempre gratis? ¿Cómo es que uno no tiene que pagar por esto? En Alemania, por ejemplo, sabía que fácilmente podían cobrarme extra por cada gotita de ketchup; pero el azúcar, no conocía un lugar en la tierra donde se cobrara extra por el azúcar. Así que, sentados en un café en Río de Janeiro, una amiga me explicó que el precio del azúcar, al igual que el de la sal o la salsa picante en nuestra mesa, está incluido en los costos básicos de mantenimiento. Es infraestructura básica: digamos que el consumo de azúcar de todos los visitantes del café durante un mes es la suma X. Entonces, cubren esta cantidad X, incluyéndola en los gastos de infraestructura básica del presupuesto mensual. Por lo tanto, se incluye automáticamente en el precio de cualquier producto que se consuma en ese lugar. Es una pequeña parte de cualquier precio que se pague. Y todo el mundo consume azúcar, o se lo lleva a casa, sin ninguna transacción diferenciada.

Me dejó atónito. Esto también significaba que, sentado en cualquier café en el que esté, no puedo no consumir azúcar. En la caja no puedo negociar para restar un determinado porcentaje del precio de mi jugo de zanahoria sin azúcar, porque, por ejemplo, yo, personalmente, sería diabético y no veo por qué debería estar pagando el consumo de azúcar de otras personas; o simbólica y políticamente, porque vivía en Brasil y no podía tolerar la historia del azúcar y por lo tanto la historia de la esclavitud, ni puedo tolerar su invisibilidad estructural en Brasil, ni la invisibilización del racismo en cualquier lugar; ni porque condenaría la producción contemporánea de azúcar y sus condiciones de trabajo hoy, similares a la esclavitud de antaño. No, sentado en este, o en cualquier café que conozco, en cualquier parte del mundo, no puedo no consumir azúcar. Y peor aún, no puedo ni siquiera saber cuál es el precio de mi innegociable y estructural participación en el consumo de azúcar. Sentado en la mesa, no es identificable para mí e imposible de averiguar estudiando la factura, incluso preguntando a un camarero o camarera: es una parte específica, pero no especificada, de cualquier cantidad que pague por el consumo de cualquier producto. Está visible en nuestra frente, en todo lugar, es indivisible de cualquier experiencia como consumidor en la cafetería, pero es invisible.

¿Cuál es la relación estructural entre lo visible y lo invisible? En el caso del azúcar, lo invisible es lo que tiene precio, pero no se nombra. Lo visible es lo que damos por hecho, simplemente por verlo, por agarrarlo y meterlo a la boca. Sin embargo, es inseparable de su parte invisible, de lo que damos por hecho porque no lo vemos. De cierta forma, lo invisible es el inconsciente de lo visible, de lo que está, literalmente, sobre la mesa, en nuestra boca, sobre nuestras lenguas, pero no concientizamos. De hecho, el sabor de lo visible, de un café por ejemplo, por lo que además estamos pagando conscientemente, sin unas tres cucharadas de invisibilización ni siquiera nos gusta. No lo tomaríamos.

En Bolivia, es cultura tomar todo con mucha azúcar. Es porque no recibimos suficientes chinelazos como cuando mi madre nos advertía: “¡Para de meterte todo a la boca!”

Por Max Jorge Hinderer Cruz – filósofo y Director del Museo Nacional de Arte

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A+Short lleva a película de animación boliviano argentina Dubicel al mercado MIFA de Annecy

La productora argentina promociona la premiada cinta dirigida por Yashira Jordán e Igor Gopkalo Streiff

/ 21 de junio de 2020 / 08:22

Más logros para la película boliviano argentina de animación Dubicel, dirigida por Yashira Jordán e Igor Gopkalo Streiff.La productora A+Short llevó la cinta al Festival Internacional Annecy de animación, en Francia, al mercado MIFA con la delegación argentina en el Stand virtual, “una enorme posibilidad que nos dan para difundir el cortometraje argentino de animación”, señaló la productora.

Dubicel cuenta los días de un niño cósmico que vive encerrado en una cúpula galáctica y sueña con que esa gran ventana se abra para poder ver las estrellas que tanto anhela. “Es un mensaje de esperanza que nos entusiasma llevar a las pantallas del mundo entero y ansiamos que esta historia inspire a nuevas audiencias”, señala A+Short.

El corto además cuenta con la narración del músico Kevin Johansen. “Queremos compartir esta historia con toda la familia, pues Dubicel es un niño que está encerrado, pero que viaja con sus sueños», explica la directora boliviana Yashira Jordán.

El filme ha ganado el premio a Mejor Filme de Animación y Mejor Banda Sonora en el NY CA Film y en el festival Golden Nugget International se llevó un premio por su música, compuesta por Micaella Carballo, además de competir en el festival Our Fest Stop Motion.

Desde2019 la película ha participado en más de 20 competencias internacionales alrededor del mundo, ganando tres premios hasta la fecha, por Mejor Música Original y Mejor Animación. Dos en Nueva York y uno en Buenos Aires. (NYC Cinematography Awards y Buenos Aires International Film Festival). Además estuvo en TAAFI Toronto Animation Arts Festival International y en su Mercado de Industria, Además de participar en Panama Animation Festival y en el festival Our Fest Stop Motion.

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Ante las pandemias

Telartes, red de participación y articulación del sector cultural en Bolivia se pronuncia en un texto conjunto sobre el cierre del Ministerio de Culturas

Por Telartes

/ 21 de junio de 2020 / 08:14

Hasta hoy hemos recorrido un tortuoso camino en el que como ciudadanos hemos sido testigos del desmantelamiento estructural de parte del Estado y de nuestros derechos culturales, conseguidos a través de un largo proceso histórico de entrega, trabajo con avances y retrocesos, superando duros desafíos. En esta historia vivida no podemos olvidar el pasado, pues debemos detenernos en el Proceso de Ajuste Estructural implementado por los gobiernos de turno desde la década de los años 80, cuyos pilares están insertos en el denominado “Consenso de Washington” que inauguró el período neoliberal, nada más y nada menos que un recetario único y ortodoxo aplicado a sangre y fuego en los países pobres del traspatio.

De esta época es el siempre mentado y resistido D.S. 21060 que divide aguas políticas, sociales y económicas, vigente en forma y en espíritu, hasta el presente, después de 35 años. Mirada que también hace suya hoy el gobierno, planteando la continuidad de la liberalización de la economía, la mercantilización hasta de la imaginación y el achicamiento del Estado, fundamento que explica la decisión de suprimir el Ministerio de Culturas y Turismo; siendo este el desenlace perfecto de un ciclo de valores fallidos ante la Historia, justificado ¡nada menos que por un virus! Decisión funesta que desnuda la mente y el alma de sus patrocinadores.

Todo impulso que marca el ritmo de la vida de seres y sociedades tiene un momento fundacional y, para nosotros, ese instante está marcado por la Constitución Política del Estado de 2009, que abrió el abanico a la pluralidad y la ilusión creativa hilvanada con manos diversas, lenguas y culturas ancestrales de donde heredamos la sabiduría del equilibrio y la complementariedad, aspectos considerados desde nuestro ideario como indispensables para enfrentar el presente y el futuro.

Por ello, ¡debíamos intentarlo todo! y en ese intento nacimos como Telartes, con la convicción de asimilar un flujo de energía revitalizante que proviene de los seres que son la piel sensible de las sociedades. Sin desmayo trabajamos por más de siete años para comprobar que el Estado, pese a las apariencias, seguía herrumbrado y anclado en los cánones reprochables. Así, la “Revolución Democrática y Cultural” terminó en harapos y en manos impostoras.

Sostuvimos con pasión la consigna del “Ya venimos llorados”, cual máxima que iniciaba todo nuestro accionar y reflexión, que apostaba a una construcción societal horizontal y plural, siempre aferrada a la propuesta. Es así que, como legítima e independiente plataforma de articulación ciudadana del sector cultural, se logró coadyuvar la realización del I Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria en Bolivia, concertar mesas de trabajo con el Ministerio de Culturas y Turismo para avanzar en la elaboración de un anteproyecto consensuado de Ley Marco de Culturas, trabajo complejo y problemático, del que nacen como síntesis de nuestra posición como sociedad civil organizada los 12 principios irrenunciables que permitan optimizar la gestión estatal. Asimismo, se logró desarrollar dos Congresos Nacionales denominados “Culturas en movimiento” con el objetivo de proponer lineamientos de solución a los ámbitos de la gestión cultural en el país y sentar bases para políticas culturales hacia un cambio profundo en la relación entre Sociedad Civil y Estado. Logramos ser patrocinados como único proyecto boliviano por el Fondo Internacional de la Diversidad Cultural de la Unesco, desplegar articulación con plataformas internacionales culturales (Cultura Viva Comunitaria, en un inicio, y Cultura de Red hasta el presente) y también concretar el “Espaciario” en 2016, único mapeo sistematizado y publicado de espacios culturales independientes o no estatales de 36 ciudades del país.

Estos logros fueron posibles gracias a la articulación sostenida en una construcción abierta, horizontal y plural; creyendo permanentemente en la posibilidad del diálogo productivo, en la negación de las imposiciones y las arbitrariedades, en el resguardo de un espíritu crítico, en la independencia como parte de nuestra definición política, respecto del Estado y partidos políticos, en la firme convicción de posibilitar la visibilización de actores culturales independientes en su potencial creativo y en su esfuerzo por lograr incidencia política en beneficio del sector. El accionar enmarcado en esta lógica, metodológica a su vez, permitió la circulación de potentes flujos colaborativos y de inteligencia colectiva con y entre diversidad de actores culturales en una gran porción geográfica del país y también de los movimientos símiles internacionales.

Sin embargo no fuimos los únicos. El transitar de Telartes es hereditario de la lucha y la lucidez de movimientos y actores culturales en distintos tiempos históricos del país. Siempre, dentro de una interpelación estatal sumada a otros movimientos, colectivos, redes y espacios culturales que, ante la posibilidad de encontrar algún resquicio, exigían no asfixiar sus iniciativas y sueños ante una secante, miope y poco profesional burocracia estatal en todos sus niveles territoriales. Un ejemplo es la visión de concebir nuestros haceres y saberes como “gasto” que se expresa, además, en la total ausencia dentro los “clasificadores presupuestarios”, lo que ha hecho de lo cultural una exigencia tortuosa, más que la demanda de un derecho.

Por todo ello, consideramos que la Constitución Política del Estado le pertenece al pueblo boliviano y no a un partido de turno, y es la expresión de su voluntad soberana por encima de sus gobernantes. Que es el estandarte de nuestros sueños, porque contiene el principio que nos nutre de convicción: los Derechos Culturales están incorporados en el catálogo de los Derechos Humanos; están hilados en la misma rueca, han sido torcelados simultáneamente y, ahora, constituyen la urdimbre que sustenta todo el entramado legal del país.

Por lo expresado debe quedar absolutamente claro que los Derechos Humanos, sin que medie ninguna consideración ni menos condición, deben ser garantizados por el Estado, en términos estructurales, a partir de una legislación que permita operativizar el uso, goce y disfrute de los beneficios que emergen de tales derechos. A tal efecto, el Estado está constitucionalmente obligado a diseñar y promover políticas así como a presupuestar recursos suficientes, que permitan materializar el ejercicio de los derechos culturales; y a dotarse del aparato administrativo y funcional de la mayor jerarquía del ejecutivo gubernamental, además de generar procesos de institucionalización transparentes y participativos, para cumplir con sus obligaciones constitucionales. ¡No pedimos dádiva alguna, exigimos al Estado el acatamiento de la Constitución!

Finalmente, se hace necesario construir una otra e integral visión de futuro sobre la cultura y las culturas, en su pluralidad, como fundamento de aquellas narrativas que impliquen la profundización hacia una democracia más participativa, donde sea el sector el que elija a sus autoridades asegurando gestiones idóneas (de plazos largos), así como coadyuvando hacia la búsqueda de sentidos comunes para la cohesión social, la pertenencia, la identidad y la felicidad de todas/os y cada una/o de las/os bolivianas/os. Rol que compete, en gran medida, al sector cultural.

Por ello, urge también convocarnos y reencontrarnos, en la premura presente, bajo mecanismos abiertos y lo más transparentes posibles, para construir estos horizontes superando las diferencias que tenemos dentro del mismo sector cultural. Superemos unidos esta pandemia, que no sólo es sanitaria, ¡lo sabemos las/los boliviana/os! ¡Queremos un Estado donde lo cultural no sea un apéndice sino la argamasa de una sociedad más justa y, por qué no, integrada y feliz!

Por Telartes – Red de participación y articulación del sector cultural en Bolivia

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