Opinión

martes 20 oct 2020 | Actualizado a 14:06

Seguiremos vigentes

La Razón reafirma su compromiso con la sociedad boliviana de mantener la misión social expresada en su tarea periodística, como ha venido haciendo en estos casi 30 años de vida.

Por La Razón

/ 14 de julio de 2020 / 11:55

En estos últimos años el periodismo mundial en general, y los medios impresos, en particular, han enfrentado la más dura crisis de la historia, fruto de la transformación tecnológica que ha acelerado la caída de la venta de ejemplares y, por tanto, la reducción y la no monetización de la publicidad, que afectaron seriamente sus ingresos hasta ponerlos en el límite de lo sostenible.

Los diarios La Razón y Extra no han sido la excepción. Desde hace mucho tiempo la administración de la empresa editora de ambos medios, como es de conocimiento general, ha realizado grandes esfuerzos para mantener la estabilidad laboral de sus trabajadores; sin embargo, desde marzo de este año ambos medios nos vimos severamente afectados por la emergencia sanitaria generada por la propagación del COVID-19 y la consecuente cuarentena, que paralizaron casi en su totalidad los servicios periodísticos y editoriales. No obstante, con mucho esfuerzo, ambos medios hemos seguido brindando información completa y oportuna al público lector.

En este contexto, nos hemos visto obligados a acelerar los planes de transformación para hacer frente al más grande desafío de nuestra historia. Después de una agresiva reducción de costos operativos, la administración inició un plan de desvinculación voluntaria al amparo de la normativa laboral en vigencia, al que se ha acogido un amplio grupo de trabajadores. Siguiendo con el plan de transformación, entramos días atrás en la segunda fase, consistente, nuevamente de forma voluntaria, en que una parte importante de nuestro personal continúe trabajando bajo nuevas condiciones, acordes a los desafíos planteados y a las nuevas circunstancias de los medios de comunicación masiva.

Habiendo concluido con las dos primeras fases del plan de transformación, y debido a la insostenible situación financiera, la empresa se vio obligada a acogerse a la figura legal de “fuerza mayor”, reconocida por las leyes vigentes, con el objetivo de precautelar el bien mayor, que es la sobrevivencia de estos dos periódicos de trascendencia y liderazgo nacional, y para resguardar tantas fuentes de trabajo como sea posible, viéndose obligada sin embargo a concluir la relación laboral con una parte del personal. El proceso ha sido muy duro y ha causado dolor y desazón, no solo en quienes se van, sino en quienes han tenido que hacerse cargo de la ingrata tarea.

No obstante, una vez más La Razón reafirma su compromiso con la sociedad boliviana de mantener la seriedad, el cumplimiento de las normas en vigencia y, sobre todo, la misión social expresada en su tarea periodística, como ha venido haciendo en estos casi 30 años de vida. Agradecemos a todas las personas que han sido parte de este diario a lo largo de su historia y que le han dado su identidad y su personalidad, pero especialmente a quienes han cargado en sus hombros la grave crisis que nos ha traído a este punto. Seguiremos vigentes, porque nuestro compromiso con la libertad de expresión no se agota.

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El debate que no fue

Es fundamental que quienes convocan los debates tengan pluralidad y equidistancia política respecto a las candidaturas. No ocurrió en esta ocasión con los organizadores.

Por La Razón

/ 7 de octubre de 2020 / 15:13

Tras casi dos décadas de sequía deliberativa entre candidatos presidenciales, el pasado fin de semana asistimos a dos valiosas iniciativas orientadas a reinstalar este ejercicio en nuestra democracia. Si bien en ninguno de los casos hubo el esperado debate, la sola concurrencia de candidatos es destacable. Habrá que seguir alentando esta práctica más allá de la polarización política.

El primer encuentro se realizó a convocatoria de la FAM y de la CUB. Su mayor mérito sin duda es haber reunido a todos los candidatos presidenciales, algo impensable en anteriores comicios. Sus grandes límites fueron el formato, la restricción temática y la heterogeneidad de las preguntas. Así, más que debate, en rigor se trató de una entrevista sucesiva a los siete candidatos, sin margen de confrontación programática entre ellos. Hubo saludable encuentro, pues, pero no debate electoral.

El segundo encuentro, ampliamente promocionado por algunos operadores mediáticos como “el debate definitivo” (sic), tuvo la fortaleza de un formato que permitía el debate, su diversidad temática y la calidad de las preguntas. Pero de entrada se vio limitado por la decisión del candidato presidencial del MAS de no asistir, sumado a la baja del candidato de Creemos. Tampoco hubo debate, pues, no solo por la participación parcial de candidatos, sino debido a que quienes estuvieron optaron por no debatir entre ellos.

Más allá de que estos primeros intentos por generar espacios de debate entre todos los candidatos no lograron su cometido por rigideces, cálculo estratégico y ausencias, la sola realización de ambos eventos es una buena noticia para los procesos electorales en Bolivia. Nunca se dirá lo suficiente que la confrontación de ideas, de visiones de país, ofertas programáticas y políticas públicas es fundamental para avanzar en el ideal del voto informado. Sin deliberación la democracia está incompleta.

Como aprendizaje para futuros debates presidenciales, es fundamental que quienes los convocan tengan pluralidad y equidistancia política respecto a las candidaturas. No ocurrió en esta ocasión con los organizadores. De un lado, los ejecutivos de la FAM y de la CUB tienen estrecho vínculo con el MAS: su evento, entonces, se inclinó a favor del candidato Arce. Del otro lado, algunas entidades y medios involucrados operan claramente contra el MAS: su evento, entonces, se inclinó a favor del candidato Mesa.

En todo caso, es importante asumir que más allá de su relevancia democrática, los debates no inciden de forma determinante en las preferencias electorales, incluidos los indecisos. Si alguien pensó que con su “debate histórico” podía mover tendencias de voto, seguramente se sentirá frustrado. Hay democracia más allá de los debates en formato espectáculo. Igual es importante asumir y reafirmar el diálogo plural y la deliberación pública como condiciones de elecciones competitivas y participativas.

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Un necesario acuerdo

El acuerdo y su alcance permiten observar que no se trataba únicamente de un reclamo de tipo político-partidario, sino de una legítima protesta.

Por La Razón

/ 13 de julio de 2020 / 01:17

El sábado, de madrugada, se firmó un acuerdo entre el grupo de vecinos movilizados en K’ara K’ara, la Gobernadora de Cochabamba, el Alcalde de Cercado, la ciudad capital, y el representante de la Defensoría del Pueblo, poniendo fin a meses de conflicto en la zona donde está el relleno sanitario de la ciudad y que se había convertido en reflejo de la querella política actual.

En efecto, tomó una semana resolver un conflicto iniciado hace meses, al parecer solo porque siete días antes de la firma del acuerdo había habido una nueva refriega entre el grupo de vecinos y vecinas y la Policía, circunstancia aprovechada por un grupo irregular que controla la moral de la población cochabambina para amenazar al Alcalde y la Gobernadora con tomar medidas contra ellos si no encontraban una solución, y porque este extremo había activado las alarmas de organismos multilaterales de derechos humanos.

El acuerdo y su alcance permiten observar que no se trataba únicamente de un reclamo de tipo político-partidario, sino de una legítima protesta por condiciones de vida depauperadas a causa no solo de la pobreza sino, sobre todo, de la vecindad de un relleno sanitario que, como muchos otros en el país, ya ha cumplido su vida útil y debe ser reemplazado por uno nuevo.

Entre los puntos acordados están el inicio del cierre del botadero municipal en un plazo de 30 días a partir de la contratación de nuevos servicios; la presentación de un recurso de inconstitucionalidad del Decreto Supremo 4260, que dispone clases virtuales, a cargo de la Defensoría del Pueblo; el estudio de factibilidad técnica para la instalación de un horno crematorio en la zona a cargo de la Alcaldía y la Gobernación; el desarrollo de planes de reactivación económica de la zona; la conformación de brigadas médico-naturistas para la emergencia sanitaria por el COVID-19 y la entrega de raciones alimenticias.

Todo apunta, pues, a que se trata de medidas, probablemente desesperadas y excesivas por esta causa, antes que vocación por hacer “sedición” y “terrorismo”, cargos que se imputan a tres dirigentes detenidos tiempo atrás y que esperan ser procesados por la Fiscalía de La Paz, tema que también es parte del acuerdo, pues la Defensoría del Pueblo se compromete a hacer seguimiento a este caso, coincidiendo con lo expresado por los señalados organismos de derechos humanos.

Era necesario el acuerdo porque sin él la trágica emergencia sanitaria producida por el COVID-19 se veía agravada por la basura incontenible en la ciudad; pero también porque era evidente que ni el gobierno municipal ni el departamental estaban haciendo esfuerzo alguno por poner fin a un conflicto que amenazaba la estabilidad de sus autoridades; y sobre todo, porque en tanto espejo en el que se reflejaban los prejuicios de unos y otros, estaba devolviendo una imagen poco esperanzadora de la práctica política actual en el país, así como de sus medios y sus fines.

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Nellie Bly, la pionera del periodismo encubierto

En 1888 fue enviada a un viaje alrededor del mundo, haciendo realidad el libro La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne

Nellie Bly

Por La Razón

/ 12 de julio de 2020 / 11:39

A Nellie Bly le dijeron en 1889 que era imposible dar la vuelta al mundo en 80 días, como retaba el libro de Julio Verne. Ella lo hizo en 72. La estadounidense fue pionera del periodismo encubierto.

Elizabeth Jane Cochran nació el 5 de mayo de 1864 en Pensilvania, EEUU. Una columna sexista que leyó en el periódico Pittsburgh Dispatch la impulsó a escribir una carta al editor, informa nationalgeographic.com.es. La calidad de la misiva le valió un empleo como reportera. El editor le puso el seudónimo de Nellie Bly. En ese diario escribió varios artículos de investigación hasta que fue transferida a la sección para mujeres.

Bly se mudó a Nueva York, donde entró a The New York World, de Joseph Pulitzer. Su primer trabajo fue un artículo sobre un asilo psiquiátrico para mujeres en Blackwell’s Island. La periodista se infiltró en el hospital y se expuso a las terribles condiciones en que vivían las internas. De ahí salió el reportaje Diez días en un manicomio, en que denunció los abusos de la administración, obligando a las autoridades a tomar medidas en el caso.

En 1888 fue enviada a un viaje alrededor del mundo, haciendo realidad el libro La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. El 14 de noviembre de 1889 partió de Nueva York rumbo a la aventura. En Amiens, Francia, conoció al mismísimo Verne, quien, incrédulo, le dijo: “Señorita, si es usted capaz de hacerlo en 79 días, yo la felicitaré públicamente”. Regresó a Nueva York a los 72 días, seis horas 11 minutos y algunos segundos, el 25 de enero de 1890.

Tras ser corresponsal de guerra, murió en Nueva York a los 57 años de neumonía

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Observación electoral

Las misiones de la OEA también tuvieron relevancia, incluidos equipos técnicos, hasta que empezaron a contaminarse políticamente en la gestión de Luis Almagro como secretario general.

Por La Razón

/ 12 de julio de 2020 / 07:59

En general, el acompañamiento electoral constituye una buena práctica y un factor de confianza en torno a la transparencia, la legalidad y la administración de los procesos electorales. Por ello, es necesario contar con la presencia de misiones de observación electoral. El supuesto es que son técnicas e imparciales. No es el caso hoy en Bolivia de la misión de la OEA, que está bajo sospecha.

Desde los años 60 del siglo pasado, la región ha cultivado una amplia experiencia en materia de observación electoral. En ese recorrido se fueron afinando y ampliando los criterios y recomendaciones sobre diferentes componentes del “ciclo electoral”. Diversos organismos como la OEA, UNIORE, el Consejo Electoral de Unasur (mientras tuvo vigencia), el Centro Carter, entre otros, desarrollaron buenas prácticas y estándares internacionales de acompañamiento a elecciones y consultas. Hay que celebrarlo.

En Bolivia, en el marco del proceso de democratización (iniciado en 1982), se adoptaron una serie de reformas político-institucionales, así como innovaciones logísticas y tecnológicas, para mejorar y fortalecer los procesos electorales. La presencia de misiones de observación, nacionales e internacionales, fue parte de esa ruta de avances y aprendizajes, como ocurrió en otros países. Además de participativas, la realización de elecciones plurales, transparentes y competitivas fue asumida como horizonte.

En relación a la observación electoral, hemos tenido en el país varias misiones, unas más grandes que otras, algunas más especializadas que las demás. Fue valioso, en especial, el acompañamiento de autoridades de organismos electorales de otros países, que desde su propia experiencia brindan importantes recomendaciones. Las misiones de la OEA también tuvieron relevancia, incluidos equipos técnicos, hasta que empezaron a contaminarse políticamente en la gestión de Luis Almagro como secretario general.

En el actual contexto de creciente crisis, polarización e incertidumbre en el país, resulta inevitable que las misiones de observación sean parte de la disputa política en torno al complejo proceso electoral convocado, tras dos aplazamientos, para el 6 de septiembre. Ello es evidente en el caso de la OEA, cuya anunciada misión para los comicios generales es rechazada por el MAS-IPSP y por una parte de la población. Esta misión dejó de ser un factor de confianza para convertirse en objeto de repudio.

Sin duda, una elección tan difícil como la prevista este año en Bolivia, en medio de la pandemia, requiere un amplio acompañamiento. Por ello es necesaria la presencia de muchas misiones de observación electoral, incluida la de la OEA. Claro que los informes que emita este organismo serán recibidos con sospecha, debido al activo papel que tuvo en los hechos de octubre-noviembre del año pasado. Hoy la OEA es parte de la polarización y sus narrativas en el país. Que venga, pero será con estigma.

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Dolorosa herida

Menudean los argumentos que remiten a estereotipos, estigmas y argumentos racializados.

Por La Razón

/ 8 de julio de 2020 / 09:01

Al menos desde mayo pasado, la zona de K’ara K’ara, distrito al sur de Cercado, la capital de Cochabamba, es un punto en permanente conflicto con muy pocas probabilidades de solución pronta o pacífica. No se trata solo del ánimo beligerante de las y los vecinos movilizados, sino también de los intereses que buscan beneficio en mantener activo un conflicto lleno de matices ideológicos.

Ya hace dos semanas hubo un pico de tensión en la zona, cuando en un enfrentamiento las y los movilizados retuvieron a un policía y solo lo liberaron horas después con la mediación del Defensor del Pueblo. El desaguisado sirvió no solo para confirmarlos prejuicios de clase y raciales de parte de la población de Cochabamba respecto de los pobladores de la región en conflicto, también fue útil para que periodistas se vieran obligados a desplazarse hasta la zona para dar cuenta de lo que estaba sucediendo.

Poco más de una semana después, el conflicto volvió a ponerse violento y se produjo una refriega en la que, según el Viceministro de Seguridad Ciudadana, los movilizados habrían usado dinamita con la que hirieron a una docena de policías, dato que luego no fue confirmado. Mientras tanto, un grupo irregular identificado como Resistencia Juvenil Cochala (RJC), que desde noviembre pasado ha hecho del amedrentamiento su modo de vida, recorría las calles de la capital cochabambina, lanzando amenazas contra el Alcalde y la Gobernadora, cuya paupérrima gestión en nada ayuda, y contra las y los vecinos de K’ara K’ara.

La tensión fue tal que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también expresó su preocupación por la aparente aquiescencia del Ministerio de Gobierno con el agresivo grupo de motociclistas uniformados; también expresó preocupación por la población movilizada y reprimida en la zona, que además es sede del relleno sanitario de la ciudad, por lo que el bloqueo a la zona tiene, además, ribetes de emergencia sanitaria.

Se trata de una combinación de factores que posibilita la intervención de múltiples agentes externos, desde quienes ven en la población movilizada simples títeres al servicio de los intereses del expresidente Evo Morales y su partido, como si esas personas no fueran parte de la población más depauperada de la ciudad cochabambina con necesidades y urgencias verdaderas y legítimas, hasta quienes señalan el conflicto como evidencia de las inclinaciones autoritarias del Gobierno transitorio.

En medio de todo eso, de uno y otro lado menudean los argumentos que remiten a estereotipos, estigmas y argumentos racializados, lo cual dificulta la posibilidad de encontrar un punto de acuerdo para reconstruir la paz, pues ésta nunca puede imponerse con violencia. El resultado es una dolorosa herida en el espíritu democrático de la sociedad no solo cochabambina, sino de todo el país, que ve en el conflicto de K’ara K’ara una muestra del modo en que se gestiona la política desde el Gobierno, y agradece que no esté sucediendo a la vuelta de su casa.

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